La culpa es de Dostoievski

A veces escribo por encargo. Suele suceder de la siguiente manera: mi habitación está a oscuras, suena el teléfono rojo con el marcador de ruedecilla que tengo en la mesita de noche, descuelgo el auricular a tientas y escucho como una voz viril y distorsionada me pide una crítica de tal libro, una entrevista a nosequién, un trabajo con extensión mínima de 10.000 caracteres sobre cualquier pedantería literaria… Pero tengo la sana costumbre de reservar parte de mi tiempo a escribir lo que me sale de las narices.

La novela que me he propuesto terminar antes del 31 de enero es una cuestión de apetencia e inquietud personal.

La elección del tema está hecha desde hace unos 3 años. El culpable tiene nombre y apellido: Fiódor Mijailovich Dostoievski. Leí Crimen y castigo y a partir de ahí comencé a interesarme por expresiones literarias de la culpabilidad, la redención y el olvido. Por motivos personales me apetecía sumergirme en la relación entre esos tres elementos. Las preguntas que me formulé entonces son las que impulsaron lo que estoy escribiendo a día de hoy: ¿es posible redimirnos de nuestros pecados?, ¿tras la afrenta o el crimen hay alguna posibilidad que no sea el olvido?, ¿acaso no convierte el olvido a la armonía en una cosa extremadamente frágil, expuesta a un simple segundo de recuerdo? Y, en relación con todo esto, también me interrogué sobre la conveniencia de saber o de ignorar en pos de la felicidad (a propósito de este tema escribí el relato «Lo que no ha sucedido y sucedió», incluido en Inercia gris y que podéis leer gratuitamente en el portal SomAtents).

Dejé la cuestión más o menos aparcada aunque ha sido una constante preocupación literaria de quien les escribe. Ahí está también «Tú mataste a Frank Fischer». Pero una vez entregué para su publicación los relatos que había estado escribiendo entre 2011 y 2013 en Inercia gris y tuve que decidir mi próximo proyecto, rescaté los tres o cuatro folios con anotaciones, citas y palabras sueltas que guardaba desde la lectura de Crimen y castigo y me entregué por completo al tema. Eso fue el pasado mes de abril.

Desde entonces y hasta el momento me dediqué a aclarar mis ideas respecto a la tríada pecado-redención-olvido y ver qué historia podía contar a su alrededor que expresase mis inquietudes –no respuestas, diría que no las tengo y que, aunque las tuviese, no es la tarea del escritor ofrecer certezas al lector sino tenderle interrogantes que pueda resolver él mismo–. En el mes de junio comencé a hablar con mi pareja de «mi novela islandesa» y, de hecho, pasé gran parte del mes de agosto escribiendo y tirando a la basura distintas propuestas de escena inicial que se me fueron ocurriendo.

Efectivamente, acabo de desvelar que la acción sucede en Islandia, aunque todavía no sé si de un modo íntegro (barajo otros escenarios posibles y posiblemente os pida ayuda para decidirme). Islandia porque hay un personaje que huye y que huiría hasta el fin del mundo y los paisajes volcánicos y helados de ese país me ofrecían un entorno apropiado para las cavilaciones del protagonista. Islandia también porque me estoy especializando en literatura islandesa contemporánea y es un entorno que tengo muy presente en este momento.

Y podría seguir. Explicaros también que el protagonista va a convertirse en determinados pasajes en un trasunto de Odín, el padre de todos los nórdicos, que se acerca al pozo del conocimiento y sacrifica uno de sus ojos con tal de saber. El protagonista sabe, el conocimiento lo hace transgredir con la moral colectiva que era también la suya antes de conocer y…

También he metido en la coctelera unos fantasmas, una islandesa un poco hippy, un viejo que cree que fue compañero de armas de Erik el Rojo, una esposa abandonada, un niño muerto y auroras boreales.

¿Qué tal os huele el asunto?

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3 Respuestas a “La culpa es de Dostoievski

  1. Buena pinta. Lo de Odín me encanta por que me recuerda a la peli de Kirk Douglas. Odiiiiiiiiiiiiin. Le echaré un vistazo a esos relatos. Gracias David.

  2. Al final la redención será algo que nos otorguen los demás, pues el que no puede perdonarse a sí mismo cae en una especie de autocomplaciencia juvenil.

  3. @La Perra de Paulov: muchas gracias por seguirnos en cada entrega. Me alegro de que te parezca que el guiso huele bien y celebro que vayas a echarle el guante a “Inercia gris”. Espero que te guste.

    @Tsumena, respetando tu opinión, igual la cuestión es un poco más compleja. Vaya, que puede que no haga falta escribir una novela para alcanzar uno sus propias conclusiones (de hecho, seguro que no es necesario), pero creo que lo simplificas excesivamente. Lo de no perdonarse uno a sí mismo a veces puede ser pueril, totalmente de acuerdo, y tal vez también llegue a resultar cómodo, pero no sé si autocomplaciente… Autocompasivo y lastimoso quizá y cuando tiene más de ficción que de realidad.

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