Los rituales importan…

… Es un hecho. Y la escritura, como todas las cosas que importan, tiene su propio ritual. Se trata, creo, de construir un ambiente que favorezca la creatividad, o que al menos haga un poco más cómodo eso de estar un mínimo de dos a cinco horas sentada, escribiendo. En mi caso, como con la planificación y la documentación, tengo que tener cuidado para no perderme en los detalles. Y si bien es cierto que la mayoría de los elementos que constituyen mi particular ritual no son fundamentales, para mí se han convertido en las muletas para esto de la escritura. Contribuyen a hacerme sentir más cómoda. Y sí, me hacen perder un poco el tiempo. Pero a la larga funcionan.

Así pues, ¿cuál es mi ritual de escritura? O, podríamos decir, ¿cómo escribir una novela, si te distraes con tanta facilidad como yo?

Paso 1: evita estímulos indeseados.

Ésta es difícil. Cuando hay que ponerse a trabajar, los estímulos externos tienden a acumularse y todos, todos, todos sin excepción parecen bastante más divertidos que el mero hecho de sentarse a escribir (que a veces es apasionante, pero admitámoslo, puede ser una pesadilla).

Estas semanas pasadas han estado llenas de acontecimientos. La publicación del último cómic de Astérix, por ejemplo. O la emisión del último capítulo de Poirot, que muchos creíamos que no llegaría jamás. O la celebración de la Feria del Libro Antiguo de Sevilla, donde siempre se puede encontrar algo interesante (este año, una edición preciosa de El jorobado, de Paul Feval, prácticamente descatalogado y muy difícil de encontrar).

Pues eso, hay que evitarlos. O dosificarlos. La disciplina es importante. Y poner la escritura por delante es necesario.

Paso 2: escoge cuidadosamente tu ambiente de trabajo.

Quizás a vosotros no os resulte tan complicado como a mí mantener una mesa limpia y ordenada (mis compañeros de trabajo y mi marido, sin ponerse de acuerdo ni hablar entre ellos, podrán confirmar esto que os digo). Pero estoy tranquila, porque recientemente se ha demostrado que el orden no es imprescindible ni necesario. Además, si lo que intentas es postergar el acto mismo de la escritura, ponerte a ordenar tu mesa es una estrategia fantástica. En serio, te la recomiendo. Y ya que estás, ordena también tu ropa, pon un par de lavadoras, cambia los muebles de sitio y limpia el frigorífico. Estas tareas nunca te van a parecer tan apetecibles como cuando tienes que ponerte a escribir. ¿Cómo vas a poder escribir tranquilamente sabiendo que la ropa se acumula, la comida se pudre, y apenas puedes deslizar el ratón por la mesa? ¿¿Cómo?? ¿¿Cómo??

Paso 3: Ya que estás, ponte tu uniforme de escribir.

Lo tienes, aunque no lo creas. Recuerda el uniforme de matar de Dexter. Puede ser tu camiseta más vieja, generalmente es tu pijama. Yo, aunque esto jamás lo verás, suelo recogerme la melena en un moño horrible. Y las gafas se me deslizan hasta la nariz. Las lentillas son para actos sociales, NO para leer, escribir o trabajar. Todo eso me lleva a hacerme un par de preguntas sobre esas fotos tan estupendas que tienen los escritores en las contraportadas de sus libros.

En serio, estas cosas son importantes.

Paso 4: Rodéate de los complementos adecuados.

A lo mejor escribes en ordenador y no necesitas nada más. O quizás escribes a mano y necesitas un tipo de bolígrafo en concreto. O tienes, como yo, un cuaderno asignado a cada novela, en el que apuntas todo lo que tenga que ver con ella y nada más. (¿Qué no tienes un cuaderno especial? ¿En serio? ¿No sabes lo que es un cuaderno especial? ¿Nunca te has sentido todo un Hemingway de la vida sólo por llevar un moleskine en el bolso? Te compadezco…).

Además, elige tu bebida caliente de acompañamiento (yo bebo té). Tal vez necesites otras cosas. Yo tengo mis imprescindibles: mi lámpara (es muy especial, otro día hablaré de ella). Mi ordenador. Mis resúmenes de capítulos. Mi gato, mi perro.

Una curiosidad sobre mis resúmenes, de los que ya os he hablado: aunque en realidad escribo a ordenador, los resúmenes y la preparaciómancha tintan de la novela me gusta hacerla a mano. Y tengo la manía particular de escribir los resúmenes de capítulos con pluma y tintero, porque me gusta la idea de tener algo en papel y porque así doy uso a mis plumas de vez en cuando. El problema es que, como trasncurre tanto tiempo entre una novela y otra, tengo que aprender a usarlas cada vez, y me mancho mucho. En estos días tengo una distintiva mancha de tinta en los dedos anular y pulgar de mi mano derecha. Y, a veces, los accidentes ocurren.

Paso 5: Prepara tu hilo musical.

La música es importante. Ayuda a imprimir de ritmo la escritura y, en mi caso, me ayuda mucho a encontrar el tono que busco. Cuando escribo, suelo escuchar una y otra vez las mismas canciones, que generalmente no tienen nada que ver de una novela o cuento al siguiente. Por ejemplo, por razones que no vienen al caso pero que las pocas personas que la han leído entenderán perfectamente, durante la escritura de mi anterior novela escuchaba una y otra vez la banda sonora de Los Tudor. No, no está ambientada en el periodo isabelino. Ahora, voy alternando entre la banda sonora de Cloud Atlas, algunas canciones de la primera película de Los juegos del hambre (escuchad la letra antes de juzgarme) y, sobre todo, la banda sonora de Cómo entrenar a tu dragón.

Paso 6: Olvídate de todo esto y siéntate a escribir.

Ya sabíais que iba a llegar hasta aquí. No, en serio. Es muy tentador perder tiempo con estas cosas cuando uno emprende un proyecto creativo y deja atrás ese primer periodo en el que todo es muy divertido, la inspiración fluye por sí sola, el verdadero trabajo ni se intuye, y de repente se encuentra en ese momento en el que, bueno, sentarse a escribir consiste, básicamente, en pasarse muchas horas sentado. Escribiendo. Cuando hay tantas y tantas cosas interesantes por hacer. En esos momentos, igual que cuando preparábamos los exámenes finales de la carrera, todo parece más interesante que lo que estás haciendo, y perder el tiempo en “investigar” detalles insustanciales que de repente, oh sí, parecen TAN imprescindibles en el desarrollo de tu novela, es una gran tentación.

Me reitero en lo que decía anteriormente. Esto de escribir tiene su pequeño ritual, al menos para mí, y hay cosas que me resultan imprescindibles. Necesito tener algo de beber cerca. Necesito tener mi ordenador, la lámpara de la que me enamoré hace años en una feria de artesanía y que tengo gracias a la perseverancia de mi madre, que no paró hasta conseguirme una. Y sí es cierto que, para cada novela o proyecto nuevo, escojo un cuaderno, uno que va a estar conmigo durante todo el proceso y en el que vuelco todas esas ideas que luego probablemente no vuelva a leer jamás, pero que necesito descargar poco a poco a medida que escribo. O justo antes de escribir. Es curioso. Mi primera novela, tan gótica, tan intrincada, necesitaba de un cuaderno hecho a mano, bastante extravagante, muy especial. Todo lo que sé sobre Boatswain está escrito en un sencillo cuaderno negro con hojas de cuadros. Así es como funciona mi cabeza.

Y luego, está el espacio, la mesa de trabajo. En eso soy muy afortunada. Desde mi mesa controlo la puerta de la casa, pero también la cama (mi despacho está en mi dormitorio) en la que, el noventa por ciento de las veces, Gato dormita ruidosamente o me vigila para que no me levante demasiado a menudo. A estas alturas me resulta difícil escribir sin él. A mi espalda hay dos enormes ventanales que dan a los jardines de la urbanización. Si hay luz, la disfruto. Si llueve y está nublado, aún mejor, lo aprovecho.

Pero, a la postre, lo que importa es dejarse de tonterías y sentarse a escribir.

Precisamente, Gato acaba de trepar de un saltito a la cama y se ha hecho un ovillo con el hocico apuntando hacia mí. Respira hondo, cierra los ojos. Parece cómodo. Es la señal, me toca ponerme a trabajar. Perdonadme, tengo que dejaros.

Gracias por leerme,

-Ana.

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4 Respuestas a “Los rituales importan…

  1. Yo tengo la muy mala costumbre de acabar escribiendo de madrugada. Hasta las tantas. Los últimos relatos que he sido capaz de acabar fue siempre a las 3.00 o 4.00 de la noche.

  2. Son y serán siempre la fruta prohibida; esos rituales mágicos que empleamos los ‘escribidores’ antes de tan ardua tarea. Adopto, sin rubor, todos los tuyos aunque no tengo gato ni perro pero tengo otras tales como ver humear la cafetera (hipnotizado para más señas) mientras tu mente arde, literalmente, de ideas que despavoridas huyen nada más sentarte en el escritorio, observar esos arabescos que hacen las motas de polvo en un rayo de luz… ¡ya sé qué tiene que hacer mi personaje! ¡ostras! ¿dónde dejé boli y mi moleskine mientras paseo? Menos mal que la tecnología nos viene a ayudar algunas veces y ‘la nube’ y el móvil también son herramientas de trabajo.
    No deja de ser cierto eso que cuentas, Ana, los rituales forman parte de la escritura desde los tiempos inmemoriales, aquellos en los que había que afiliar el cálamo antes de empezar a escribir y, creo, todos afilamos nuestros últiles de escribir antes de hacerlo pero, como buen procastinador que soy, también tengo que poner lavadoras de vez en cuando.
    Precioso artículo, Ana.

    • ¡Muchas gracias, Emilio, y qué alegría verte por aquí! Reconozco esas ideas que se esfuman justo en el momento en que una se sienta a escribir… Sin rituales, este asunto de la escritura pierde parte de su encanto, aunque al final todo se reduzca a sentarse delante del ordenador o el cuaderno. Pero esas pequeñas costumbres y manías contribuyen a dotar al proceso de la magia que en realidad tiene. De nuevo, ¡gracias!

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